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Vanessa Daluiso – Trabajar en Macron: una carrera que vale la pena

Vanessa Daluiso nos cuenta su experiencia en Macron entre retos informáticos, crecimiento y espíritu de equipo.
7 de julio de 2025

“Trabajar en Macron es a la vez estimulante y exigente. Estimulante porque es una carrera cuesta arriba: somos una empresa deportiva, nos gusta correr. Exigente porque aquí se trabaja duro, y cada uno debe dar lo mejor de sí mismo para alcanzar los objetivos”. Vanessa, especialista asociada en infraestructuras, se encarga de la gestión y el mantenimiento de la infraestructura informática a nivel global. Un puesto crucial, que conlleva una gran responsabilidad y exige capacidad de reacción, precisión y visión. Sin embargo, lo que más llama la atención de su relato no es el aspecto técnico, sino el entusiasmo con el que habla del equipo: “En mis 18 años de carrera, es uno de los mejores equipos con los que he trabajado. La calidad humana marca realmente la diferencia”.”

Un crecimiento que se nota en la piel

Vanessa ha trabajado en grandes empresas bien estructuradas, ha sido consultora y ha conocido muchos entornos diferentes. Pero Macron le ha transmitido algo único: “El crecimiento de Macron es concreto, lo sientes en tu propia piel. Nunca lo he visto tan tangible en ningún otro sitio”. En pocos años, la empresa ha experimentado una intensa transformación: tecnológica, organizativa y cultural. Y quienes forman parte de este crecimiento no lo sufren: lo construyen día a día.

Valorar las ideas, dar protagonismo a las personas

Uno de los aspectos que más valora Vanessa es la posibilidad de aportar realmente algo. “Desde el primer momento me animaron a dar mi opinión. Incluso nada más llegar, tuve espacio para proponer soluciones y puntos de vista alternativos. Eso no es algo que se dé por sentado”. Esta apertura al diálogo es uno de los pilares de un entorno que fomenta la implicación generalizada, en el que cada voz puede marcar la diferencia.

La fuerza del equipo: “Por nuestra cuenta no llegamos a ninguna parte”

En el mundo de las tecnologías de la información, la competencia individual es fundamental. Pero no basta. “Por uno mismo no se llega a ninguna parte. No se puede saberlo todo. Solo compartiendo conocimientos y apoyándose mutuamente se consiguen grandes resultados”. Lo que se desprende es una cultura empresarial que valora el pensamiento colectivo, la responsabilidad individual y la colaboración. Un entorno en el que la colaboración es un valor práctico, no solo teórico.

Técnica y humanidad: un equilibrio posible

La tecnología exige precisión, pero trabajar con personas requiere sensibilidad. Y para Vanessa, el verdadero trabajo suele empezar cuando un compañero entra en pánico por un problema que no consigue resolver. “Se necesita psicología. Hay que tranquilizar, acompañar, comprender. No es solo una cuestión técnica”. También en esto, Macron demuestra ser una empresa atenta al factor humano. Uno crece como profesional, pero también como persona.

Más allá del puesto: espacio para el crecimiento personal

Vanessa se incorporó como técnica y hoy en día también tiene responsabilidades de gestión. Ha aprendido sobre la marcha, impulsada por la confianza que le ha depositado la empresa. Y, mientras tanto, estudia ingeniería informática en la universidad, además de trabajar a tiempo completo. “No es fácil, pero las ganas de crecer son más fuertes. Sé que puedo poner lo que aprendo al servicio de la empresa. Y eso me motiva aún más”.”

Un reto que merece la pena por la satisfacción que aporta

Una de las experiencias más complejas que recuerda es la renovación de todo el centro de datos de Milán. “Era una operación muy delicada. Teníamos que evitar cualquier interrupción del servicio. Lo conseguimos. Y recibimos las felicitaciones del director general. Una satisfacción enorme”. Y ahí radica precisamente el sentido más profundo de su relato: cada reto es también un motivo de orgullo.

Macron es… una cima que hemos alcanzado juntos

“Es como cuando haces senderismo con una pendiente del 25 %. Esfuerzo, sudor… pero luego llegas a la cima y disfrutas de las vistas. Y dices: ha merecido la pena”. En Macron se trabaja duro, pero juntos. Se crece, se cambia, se construye algo. Y se descubre que el trabajo también puede ser un espacio de realización personal.

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